Más que una necesidad, es una inquietud, es algo que a mi cuerpo le hace falta, por lo que mis piernas se mueven solas, me suda la lengua y me salivan las manos, me da frío en el cuerpo y me pongo de mal humor. Todos los síntomas del sindrome de abstinencia.
Entonces reparo en mover mi cuerpo y preparar mi dulce adicción.
Lo primero que necesito es el líquido perfecto, soluto universal, mentor y gatillante de la vida, libre fluido no tiene fecha de nacimiento.
Me pongo y me dispongo a cambiarlo de estado, a fuego lento o enchufado a un hervidor, espero anciosa mientras preparo las hiervas.
Hago fina selcción de lo que prontamente disfrutaré. en ocaciones experimento con algunas mezclas, juego con proporciones entre savores, texturas y olores. Puedo crear la mas perfecta bebida para luego olvidar la receta.
Anís, manzanilla, menta, arrojo de espaldas sin mirar sobre un jarro de vidrio, mate, té verde, semillas de linaza, le dan contextura y fortaleza a la preparacion. Canela para honrar a la sagrada tierra y elevar el espíritu. Azúcar morena para apaciguar el fuerte savor, en su defecto para darle ritmo sabrosón caribeño.
Una vez herbida el agua y preparada la mezcla, vierto el contenido en el jarro de los sentimientos, que es de vidrio solo para darle mejor sabor y para que no se escapen las almas y no entren los duendes.
Una fiesta alocada, embriagadora y desenfrenada se desata dentro del jarro. Las hierbas salen de su estado de inercia para volar libremente sin rumbo ni sendero, recorren cada rincón de su pequeño mundo y lo buelven a recorrer para disfrutarlo denuevo.
Tiñen el agua de un suabe color lentamente. El aspecto final varía mucho dependiendo de la química de cada vegetal.
Yo aselero el proceso introduciendo una cuchara de palo y moviendola enérgicamente, en estos instantes del día es cuando me digo <<¿Para qué necesitamos televisión si la vida nos permite semejante espectáculo?>> Son millones de colores que se apoderan de mi mente por semanas, y retiran de mis sueños la paz.
En ocaciones no se si disfruto mas preparando el té, o lisa y llanamente beberlo.
Sinceramente creo que no lo puedo explicar, el placer que sienten mi paladar, mi lengua y todos mis sentidos, cuando acerco la taza a mi boca, y bebo el mas dulce de los néctares. Procuro serrar los ojos para que el placer se quede con migo, para que no se escape por aquellas ventanas.
Siento como el líquido penetra en mi cuerpo y baja lentamente hacia mi estómago.
El primer sorbo es inolvidable, llena mis mejillas de un extraño sabor, y en un segundo calienta mi cuerpo hasta la punta de mis pies.
Con el primer sorvo no vasta, él solo desenfrena un frenesí fuerte y latente, trago tras trago voy saciando mis ancias, me traslado a hermosos paisajes, extensas áreas de vegetacion, solo para encontrarme con el fondo de la taza que me debuielve a la realidad.
Luego, cansada y extaciada me recuesto sobre un sillon a lamerme los labios y recordar el intenso sabor. Apasiblemente cierro mis ojos y descanso.
martes, 6 de octubre de 2009
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